El nuevo gorrón.
Conozco en Barbate a un tipo desde que tengo quince años. O tal vez dieciséis. Muy simpático, agradable y en cierto modo, con don de gentes. Pero terriblemente gorrón. Podría idear cualquier excusa para tomar copas sin pagar. Es lo que los británicos llaman scrounger y los franceses pique-assiette.
En cualquier lado sería poco menos que un apestado pero como ya dije antes, se gana a la gente con su buen humor y en Cifu, Bar Europa o en cualquier lugar donde se juegue al dominó nuestro buen gorrón encontrará quien le invite a un par de cervezas, o más.
Para colmo, desde hace días, y de forma oficial además, contamos con un nuevo gorrón que, con la excusa de ser refugiado político va a residir en Madrid a cuerpo de rey, de forma opípara y cómoda. Este nuevo refugiado político afirma que ha ganado unas elecciones en su país. En realidad, han sido unas elecciones muy discutibles y desde luego chapuceras, tan cuestionables para el que las ha ganado y para el que dice que las ha ganado.
Mientras se decide el vencedor y se publican unas actas electorales, nuestro nuevo gorrón ya ha visitado los mejores restaurantes y hoteles de Madrid, ciudad en la que va a pasar una jubilación dorada. Por supuesto con dinero público (español).
Uno y otro, son gorrones. Uno, con el dinero de sus amigos y el otro con el de los españoles.
Ahora el gorrón (el refugiado político) dice que se vuelve a Venezuela, a exigir que se le reconozca como verdadero e irreprochable vencedor de unas elecciones. Unas elecciones tan polémicas que quizá sería conveniente que se repitiesen en un plazo prudente.
Mientras tanto, uno y otro gorrón seguirán con su vida habitual, sin demasiado estrés. Son especialistas en vivir bien y a costa de los demás.
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